
El sector inmobiliario español cierra 2025 atrapado en una cruda paradoja: llega capital a manos llenas, la demanda se dispara, pero la oferta es claramente insuficiente para darle respuesta. El déficit habitacional no ha dejado de crecer, agravando el gran problema de acceso a la vivienda que arrastra el país y que amenaza con enquistarse. Según datos de la consultora CBRE, la inversión en activos inmobiliarios alcanzó los 12.900 millones de euros en los nueve primeros meses del año, un 44 % más que en el mismo periodo de 2024, lo que sitúa ese ejercicio como el tercero más alto de la serie histórica solo por detrás de 2022 y 2018. Y todo parece indicar que va a ir a más. CBRE prevé que la inversión se acelere en el último trimestre, situando el volumen total por encima de 16.800 millones, frente a los 14.000 millones de euros alcanzados en 2024.
El Índice de Precios de la Vivienda (IPV) subió un 12,7% interanual en el segundo trimestre de 2025, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). La cotización de las edificaciones nuevas aumentó un 12,1%, mientras que las de segunda mano lo hizo un 12,8%. Estas cifras se sitúan muy por encima de la media europea: de acuerdo con Eurostat, los precios de la vivienda en España crecen 2,15 veces más rápido que en el conjunto de la Unión Europea.
El esfuerzo para acceder a la vivienda no deja de elevarse. En la última década, el alquiler se ha encarecido un 72% en España, muy por encima de la media europea (58%), según el Consejo Europeo. Barcelona y Madrid figuran entre las tres ciudades de la UE donde las familias destinan más salario a la renta, un 74%, solo por detrás de Lisboa, con un 116%. ¿Por qué los precios en venta y alquiler residenciales mantienen una tendencia alcista, con niveles que no se veían desde 2007? La presidenta de Asprima, Carolina Roca, opina que hay un cóctel de factores. “Llevamos más de 15 años infraproduciendo vivienda, especialmente en grandes áreas urbanas”. “Que hoy sea de media 20.000 euros más caro comprar una casa que hace un año refleja la combinación de costes crecientes –el suelo, los materiales, la financiación, las exigencias regulatorias– y una escasez estructural de nuevas promociones.”
Desde Asprima consideran que este ritmo de encarecimiento no es sostenible, pero, añaden, “sin una política decidida de impulso a la producción de vivienda, el ajuste no vendrá por una bajada, sino por un mayor acceso restringido, lo cual agrava el problema social y económico”. Roca apostilla: “El déficit no se debe a falta de interés inversor, sino a un marco que dificulta transformar esa inversión en oferta efectiva de inmuebles: escasez de suelo finalista, lentitud administrativa, inseguridad jurídica y falta de colaboración público-privada. En otras palabras, hay capital dispuesto a invertir, pero no suficiente producto ni condiciones adecuadas para hacerlo en vivienda asequible”.
FUENTE PERIODÍSTICA: ' CINCO DÍAS'